Friday, May 22, 2009

Links

Juan Villoro sobre Enrique Vila-Matas: aquí



Anoche

Anoche, los mismos, en el mismo bar, tomábamos la cerveza de siempre: Tijuana Oscura (en tarro). Anoche, un gran amigo declaraba sus más perversos placeres musicales (Los Chamos) y me sorprendía con su acentuada neofilia y respectivos comentarios, propios de un geek, de inimaginables obsesiones acumuladas  a través de sus últimos veinte años de vida. Anoche, hablábamos de lo mismo: de música; de discos; de Miles Davis; del momento exacto en que una bella señorita se convierte en una desparramada doña; de ciudades; de trabajo; de Blue Note; de carros; de algún viejo amor; de rumores; de computadoras; de amigos; de la niñez; de nada.

Anoche, camino a casa, y después de escuchar a mis amigos disparar frases nostálgicas que sólo se pueden entender a través del gozo que causa el recordar lo verdaderamente placentero, pude transportarme a mi infancia, aquellos días en los que mi padre nos llevaba de vacaciones a alguna playa y se hincaba conmigo en la arena a construir castillos, mientras yo hacía hoyitos y zanjas con una pala de plástico. Recuerdo que él me miraba sonriendo, aunque sin hacerle mucha gracia cuando algún descuido mío derrumbaba su castillo, que puestos a decir la verdad, era mío. Supongo le daba igual y le importaba poco, porque cuando le acercaba conchas, peces o cangrejos me hacía sentir el rey del mar.